La ceguera del sentimiento suele arrastrarnos. Vivimos lo que nos toca vivir con miedo a mirar y ver. Nos da miedo ver. Mirar es más fácil, mucho más cómodo. Pero ver… nos asusta. Tememos ser felices...Mientras tanto… la vida sigue. Nos rodeamos de personas que apenas llenan nuestro pequeño corazón saturado de amor no dado. Rebosante de cariño que se nos desparrama rezumando por las venas a punto de explotar. Corazones pequeños con amores inmensos. Pero seguimos sin querer ver cuando miramos…Cuando vemos un entorno que no nos corresponde. Un lugar en el que nos ha tocado vivir y del cual deberíamos escapar inmediatamente. Nos da miedo mirar y llegar a ver los paisajes que hay más allá. Por eso construimos muros. No para protegernos de ataques ajenos… Sino para evitar que nosotros mismos veamos el exterior. Quizá un exterior mucho mejor… infinitamente mejor. Pero ver esa belleza nos asusta… Tememos ser felices. Tememos arriesgar lo poco o nada que tenemos…Inseguridad…miedo…temor a lo desconocido….al riesgo. Cerramos los ojos y todo nos da vueltas…Las Fuerzas del mal son poderosas. Insisten una y otra vez en no dejarnos ser nosotros mismos.
Una decisión sentida..y no tomada. Una llamada de teléfono no hecha. Unas palabras no dichas. Un abrazo deseado y perdido en el fondo del abismo de los recuerdos no recordados… Todo ello es fruto del lado oscuro. Esa fuerza negativa de la vida que nos impide ser felices.
Nos negamos a nosotros mismos…Nos enrocamos en nuestra particular partida de ajedrez. Pero de vez en cuando la fuerza nos acompaña. Y vemos un resquicio de luz en una palabra o en un silencio. Y…Sentimos.
Sentir es lo importante. Sentir da sentido a la vida. (valga la redundancia). Sentir es la verdad de las cosas. No mirar ni ver…sino SENTIR.
Ahora sólo nos falta… saber que es sentir. Definir que es un beso. O un sueño.
Pd: Hablo en general. Del ser humano y de sus contradicciones.
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